PABLO NERUDA

Pablo Neruda: «Y salí por los mares a los puertos»
 
AUTOPOÉTICA
Pablo Neruda: «Escucha cómo el viento/ me llama galopando/ para llevarme lejos».Casa de Pablo Neruda en Isla Negra. Chile
 

Veinte poemas de amor y una canción desesperada. “Siempre me han preguntado cuál es la mujer de los “Veinte poemas”, pregunta difícil de contestar. Las dos o tres que se entrelazan en esta melancólica y ardiente poesía corresponden, digamos, a Marisol y a Marisombra. Marisol es el idilio de la provincia encantada con inmensas estrellas nocturnas y ojos oscuros como el cielo mojado de Temuco. Ella figura con su alegría y su vivaz belleza en casi todas las páginas, rodeada por las aguas del puerto y por la media luna sobre las montañas. Marisombra es la estudiante de la capital. Boina gris, ojos suavísimos, el constante olor a madreselva del errante amor estudiantil, el sosiego físico de los apasionados encuentros en los escondrijos de la urbe”.

Residencia en la tierra. “Mi libro recogía como episodios naturales los resultados de mi vida suspendida en el vacío: «más cerca de la sangre que de la tinta». Pero mi estilo se hizo más acendrado y me di alas en la repetición de una melancolía frenética. Insistí por verdad y por retórica (porque esas harinas hacen el pan de la poesía) en un estilo amargo que porfió sistemáticamente en mi destrucción. El estilo no es sólo el hombre. Es también lo que lo rodea, y si la atmósfera no entra dentro del poema, el poema está muerto: muerto porque no ha podido respirar.”

España en el corazón. "Nunca me ha parecido un libro de fácil comprensión. Tiene una aspiración a la claridad, pero está empapado por el torbellino de aquellos grandes, múltiples dolores.”

Canto general. “Había pensado en todos los mundos, pero no en el hombre. Había explorado con crueldad y agonía el corazón del hombre; sin pensar en los hombres había visto ciudades, pero ciudades vacías; había visto fábricas de trágica presencia pero no había visto el sufrimiento debajo de los techos, sobre las calles, en todas las estaciones, en las ciudades y en el campo. A las primeras balas que atravesaron las guitarras de España, cuando en vez de sonidos salieron de ellas borbotones de sangre, mi poesía se detiene como un fantasma en medio de las calles de la angustia humana y comienza a subir por ella una corriente de raíces y de sangre. Desde entonces mi camino se junta con el camino de todos. Y de pronto veo que desde el sur de la soledad he ido hacia el norte que es el pueblo, el pueblo al cual mi humilde poesía quisiera servir de espada y de pañuelo, para secar el sudor de sus grandes dolores y para darle un arma en la lucha del pan.
Entonces el espacio se hace grande, profundo y permanente. Estamos ya de pie sobre la tierra. Queremos entrar en la poesía infinita de cuanto existe. No buscamos el misterio, somos el misterio. Mi poesía comienza a ser parte material de un ambiente infinitamente espacial, de un ambiente a la vez submarino y suterráneo, a entrar por galerías de vegetación extraordinaria, a conversar a pleno día con fantasmas solares, a explorar la cavidad del mineral escondido en el secreto de la tierra, a determinar las relaciones olvidadas del otoño y del hombre. La atmósfera se oscurece y la aclaran a veces relámpagos recargados de fosforescencia y de terror; una nueva construcción lejos de las palabras más evidentes, más gastadas, aparece en la superficie del aire; un nuevo continente se levanta de la más secreta materia de mi poesía. En poblar estas tierras, en clasificar este reino, en tocar todas sus orillas misteriosas, en apaciguar su espuma, en recorrer su zoología y su geográfica longitud, he pasado años oscuros, solitarios y remotos.”

Los versos del capitán. "Los poemas que contiene fueron escritos aquí y allá, a lo largo de mi destierro en Europa. Se publicaron anónimamente en Nápoles, en 1952. El amor a Matilde, la nostalgia de Chile, las pasiones civiles llenan las páginas de este libro que se mantuvo sin el nombre de su autor durante muchas ediciones. Este libro, de pasión brusca y ardiente, iba a llegar como una piedra lanzada sobre su tierna estructura.”

"En las Odas elementales me propuse un basamento originario, nacedor. Quise redescribir muchas cosas ya cantadas, dichas y redichas. Mi punto de vista deliberado debía ser el del niño que emprende, chupándose el lápiz, una composición obligatoria sobre el sol, el pizarrón, el reloj o la familia humana. Ningún tema podía quedar fuera de mi órbita; todo debía tocarlo yo andando o volando, sometiendo mi expresión a la máxima transparencia y virginidad."

(Pablo Neruda. Confieso que he vivido)